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ENTRE LINEAS

Seducción epistolar (III)

Seducción epistolar (III)

El (5):

"Buenas noches... Estaba repasando los correos que nos habíamos remitido y he visto que ni uno empezaba con el saludo ritual se tratase de día, tarde o noche...o cualquier otro de los "al uso". Y me ha parecido bien que, si seguimos con esta correspondencia, cambiar algunas cosas corriendo el riesgo, lo se, de volverme vulgar a sus ojos... a tus ojos. Continuando con este tono desenfadado y algo más próximo (debe ser el viento que sopla con fuerza lo que me impulsa a ello. No. Mentira. No es el viento. Es una extraña necesidad que tengo hoy) te hablaré o, más certeramente, te escribiré sobre cosas más sencillas, más mundanas. Te escribiré sobre sensaciones, intuiciones en definitiva, sentimientos. Si. Ese terreno es peligroso pero ¿sabes? estoy cansado de evidencias, de estrategias, de oir y leer una y otra vez lo mismo, de que las palabras que se dicen o escriben choquen ayer, hoy y mañana contra la pared de la realidad de los hechos. Y he creído, intuído que podrías ser una buena interlocutora para ello... ¿Por qué? Tal vez tu alma?... Quizá tu mente?... Me habrá llegado algún latido de tu corazón?. No lo se y, cuando te escribo estas letras, no se si lo sabré. Si. Confieso. Soy pecador. Un débil pecador y, por eso, te escribo este correo. Porque, finalmente, resulta que estoy hecho de la misma substancia que los humanos. Hasta ... ¡¡ ya sabes !! Un beso, descarado e irreverente y, sobre todo, una sonrisa. Aunque haya sido fugaz"

 

Ella (5):

"Felices días..

Repasaba sobre mis letras y las suyas ya pasadas?? y qué ha devenido de eso, además de saltarnos desde los inicios la formalidad de saludarnos el día, o desearnoslo bueno.. como si lo bueno, en realidad, no se pudiera leer impreso apenas una línea más abajo..?

No acepto el tratamiento a perpetuidad de cortesía, así que prefiero que me tutees desde ahora, tampoco acepto pasar por la cribadora de títulados o estultos que usted pretende, oiga.. eso es mucha responsabilidad para una persona como yo... tan ocupada, con este escaso momento lúdico que dedicarle.. ya usted sabe. Además confieso, soy perezosa, y cada día es peor..

Me gustará por tanto el viraje que le vaya a dar a sus escritos, contándome de sus sentimientos y pareceres.

De esa misma substancia estamos todos hechos, señor mío, aún no he conocido a nadie lo suficientemente divino.

Hasta la noche, que parece ser su hora más accesible..

Mi sonrisa, salvo casos escrupulosamente contados, suele ser perenne siempre que encuentro una misiva suya.. por si le sirve para dejar de fustigarse al menos por hoy. :)

Beso despreocupado y exhausto."

 

El (6):

"Espero haya pasado Ud. un agradable fin de semana... Tal vez se pregunte el porqué de mi vuelta a la fórmula de cortesía... Los antiguos latinos lo sintetizaron acertadamente hace ya mucho tiempo, "quid pro quo" (aunque imagino que anteriormente algún anónimo ciudadano lo diría en otra lengua). Si. Creo en que el trato próximo debe ser recíproco. No me gustan los desniveles... ¿Se imagina Ud. mirarse en diferentes planos? No se llegaría nunca a hablarse (en este caso, escribirse) a los ojos. Y yo necesito "ojos", entre otras cosas, para poder hablar o escribir "virando"... de sentimientos e, incluso, pareceres. Siguiendo el hilo de su correo, me escribe sobre su pereza... y cada día que pasa peor. Debo entender que su pereza se ciñe a otros menesteres de su quehacer diario y no a los que se refieren al alimento del espíritu. Si. Lo he escrito bien. Lo que, irrogándome un papel de intérprete de sus deseos que igual no me corresponde, Ud. desea con las palabras es que le alimenten el espíritu... o, caso de no creer Ud. en ello, algo similar. Además, su sonrisa que, y cito textualmente "perenne", así la delata... ;-). No me obsequie, pues, con su pereza, si quiere de mi ese alimento. Los sentimientos y pareceres son incompatibles con ella... Y debo agradecerle el que, los escritos que le dirijo, sean recompensados con su sonrisa. Viniendo de sus manos es todo un cumplido que, por supuesto, en un ser tan vanidoso como yo causa efecto. Claro que no espere que yo le hable de sus muchas virtudes unas evidentes, otras intuídas. Hablarle (escribirle) sobre ellas barrunto que no sería de su interés por dos motivos. Uno porque ya es consciente de ellas y otro porque podría interpretar que se despertó en mi el "cazador" que llevo dentro. Y nada más lejos de mi intención el intentarlo. Yo también necesito de alimento para el espíritu y Ud. me lo está dando... aunque en pequeñas dosis... ;-)) Un beso por ello."


Ella (6):

"El fin de semana ha sido menos espeluznante de lo que a priori parecía, y además me encontré en una asamblea con un nombramiento que no esperaba, para mi propio sonrojo. En fin, no puedo contarTe mucho sobre el asunto, hasta que no sepa cómo han sucedido las cosas.

El caso es que, TE ruego me apees del tratamiento de cortesía, salvado el escollo por buena parte de mis sonrisas y otra buena cantidad de sus letras.

Adivinaste, mi infinita y creciente pereza solo afecta a aquellos menesteres más engorrosos, como el trabajo, en nada se refiere, ni me refiero yo al alimento de mi espíritu, como bien dices.. ojalá pudiera dedicarle el día, a ensoñaciones, lecturas varias, paseos ociosos, demoras bajo las sábanas.. en compañía, claro es, de otro morador de las mismas, de lo que se puede colegir, que no aspiro a imprimir huella en este mundo, más que las que deje sobre ciertas pieles, también me sirve el singular, pero nunca se ha dado en ese número.

No me preocupa el cazador que lleves dentro, ni me asusta, ni me amilana. Sí me preocupa que dejes de aparecer a vuelta de correo.. esa sustancia con que mi alma se nutre, caballero, ya sabes.

Beso sonreído"

 

Seducción epistolar (II)

Seducción epistolar (II)

El (3):

 

“Agradezco sobremanera que me llamase Ud. ‘flor’ y no un estadio anterior al desarrollo de la misma… ;-) Por supuesto no quise ser grosero con el tema de la edad y di por entendido que, una mente tan preclara como la suya, consederaba el contacto con sus congéneres una cuestión de calidad, no de cantidad…. Y, como penúltima respuesta a la suya,  lamento decepcionarla al no aceptar su propuesta de matrimonio (porque la pregunta sobre mi estado civil, he intuído, se debía a ello J) Finalmente un reproche que procuraré ‘poetizarlo’… ¿qué pecado cometí contra vosotros naciendo? ¿no nacieron los demás? Pues si los demás nacieron, qué privilegios tuvieron para ser ‘don’ y ‘doña’ y yo humilde señor. Las respuestas, cuando me llegue un solo latido de su corazón… Calderón de la Barca, navegando en su sueño por “La Red”.

 

 

Ella (3):

 

“Hombre! Un zascandil con gracia… no me extraña si me encuentra extrañada, perpleja o algo peor, son ustedes una especie endémica y no atisbo a adivinar las causas que causan su rápida extinción.

 

Ah! Ya está casado… pillastre! No era en sí una oferta, ni ofrecimiento siquiera, pero por no afligirle lo dejo en desvanecimiento de mi sentido común en pos de cercenar sus alas, cosa que prometo no volverá a producirse a sus ojos J

 

Sepa que me sé de memoria todos los diálogos de Segismundo, cosa de mucho mérito, aunque escaso beneficio, tan sólo salvo para reconocer posibles lloriqueos que no atiendo a menos que vayan cumplimentados con sus sellos y sus firmas, y sus datos… pertinentes. Es más, si he pecado ya, yo le absuelvo que seguro que es una niñería, a menos que haya asesinado, de lo que no le creo capaz aún, puesto que no me conoce… J

 

Y besos con frenesí, claro”

 

El (4):

 

“Si es que la suerte me es esquiva (y no es un lloriqueo) He ido a parar con una ‘burócrata’ (sin ánimo peyorativo, por supuesto) de la amistad, de la relación… No sabe Ud. cómo lamento que los envíos estos electrónicos (llamados correos) no lleven ni sellos, ni firmas ni, tan siquiera más datos de los que un@ tenga a bien incluir. Le pido humildemente perdón por ello y por mi estado civil, y por ser de esa especie tan despreciable, ligera y enredadora. En definitivas cuentas, le pido perdón por existir…J Y, no puedo terminar mis disculpas sin que ello lleve aparejado un agradecimiento. Gracias por absolverme de mis pecados, incluso de los no cometidos en su persona. No sé que haría nuestro mundo sino existiesen personas como Ud… Pero sobre todo, lo que quiero agradecerle de corazón, es su interés en leerme y haberme regalado su tiempo y, por supuesto, un retazo de su nivel intelectual tan generosamente… Lo único que puedo dejarle es mi sonrisa e, indudablemente, un beso que Ud. situará convenientemente ;-)”

 

 

Ella (4):

 

“Ud. cree? Me refiero a lo esquivo de la tal ‘suerte’, que ostentando ese género, no puede por menos que ser una golfa e irse con el primero que la cautive.

 

Insisto en apreciar su sentido del humor, sorna o sarcasmo salido de sus dedos, no piense que se dan como las hojas caídas al otoño, aunque tampoco quiero celebrarle mucho sus méritos, vaya pensar que estoy hilando lo posible para darle lustre y una vez lustrada… bueno, ya me entiende.

 

No eran necesarios tantos perdones y creo que lo sabe, si lo utiliza para darme a morder de la misma estopa, hasta me parece gracioso, pero que sepa que soy consciente de que su mundo y el mío, este que habitamos por igual, usted desde hace más tiempo, vale… pues ese al que me refiero, va a seguir girando esté yo morando sobre él o no.

 

Empiezo a suponer que peca más de lo que cuenta, y que sabe que yo no tengo ninguna legitimidad para perdonarle nada, salvo a mis ojos, que conste.

 

No debe agradecerme nada (lo de mi tiempo y mi capacidad lo ha dicho abiertamente usted, yo ni siquiera lo he insinuado) por último, salvo que le recomiende que cambie a Calderón, esporádicamente, no es necesario que sea ‘per se’, por algo más actual… no sé, un García Montero por ejemplo, o un Andrés Trapiello.

 

Beso convenientemente ubicado, el suyo. Reciba uno de mi parte y persona, de lo más casto y respetuoso; acompañado de una sonrisa.”

Seducción epistolar (I)

Seducción epistolar (I)

Ahora que ya han pasado algunos años, tantos como cinco, voy a "desclasificar" una serie de correos electrónicos (e-mail’s para los iniciados e iniciadas) de un flirteo tan inocente como divertido y que se quedó, como tantos, en eso. En un juego donde lo importante no era el fin, sino el medio. EL, soy yo y Ella, es ella por supuesto a la que encontré en uno de esos parajes donde todos anunciamos nuestras muchas bondades y ninguna miseria... y nos lo llegamos a creer.

 

El (1):

 

“Otrosi digo: Que para mejor proveer dígame Ud. a qué instancias del ministerio donde prestaba servicios, “De la Divagación”, debe este paseante dirigirse para saber de la actora.

 

Solicito de nuevo al Juzgado: Acuerde de conformidad con lo solicitado”

 

Ella (1):

 

“Evite en lo posible acercarse a aquel hormiguero laberíntico, en el que te exigen en la primera ventanilla el formulario E987 y hasta que no te han mareado para conseguir los otros 986E’ no te devuelven tu libertad. J

 

Gaviota??? Si fuera ave Gaviota??? Deberá perdonarme, pero la simbología política de la gaviota me trae a mal traer… y se me indigesta… qué le vamos a hacer!”

 

El (2):

 

“Peor hubiese sido poner ‘Aguila’ aunque, tiene Ud. razón y se lo agradezco por ello. Queda modificada dicha parte de la descripción que, espero, no le produzca tanta alergia como para poder aproximarse un poco y eximirme de los otros 986E formularios… Tenga Ud. en cuenta que me quedan pocos años…

 

Fdo.: Mariano José de Larra”

 

Ella (2):

 

“Peor sin duda… aunque no esperaba que modificase nada por mi causa.

 

Hablando de tener en cuenta… tengo que tener en cuenta algo más para eximirle de filtros y cribas innecesarias? La edad de momento a mi no me supone razón suficiente, está usted en la flor de la vida, quisiera decirle… ah! Olvidaba lo de su estado civil, que no me resisto a preguntar, chinche que es una…

 

Señor Mariano José… ¿Es cierta la autoría del libro ese que le ha regalado doña Leticia a Don Felipe de Borbón?"

Sin respuesta...

Sin respuesta...

¿De qué sirve la distancia si lo llevas contigo?

 

¿Qué esperas del paso del tiempo si sigue presente en ti cada instante?

 

¿Por qué soñar si tu sueño siempre es el mismo?

 

¿Para qué estiras tus manos si sabes que no lo alcanzarás?

 

¿En qué refugio de la ausencia esconder el desconsuelo?

 

Por eso no merece la pena que te alejes.

El eterno retorno o como un clavo saca otro clavo

El eterno retorno o como un clavo saca otro clavo

- Si quieres nos vemos pero hoy no voy a ser una buena compañía.

 

Esa había sido la respuesta a un SMS de invitación a cenar de Carlos. Era martes y los martes acostumbraban a quedar para cenar, tomar una copa y luego ir a casa de Silvia a hacer el amor o follar que de todo había. Ese ritual se venía repitiendo desde hacía algo más de dos años de relación clandestina dado el estado civil de él. Eso exasperaba a Silvia que, aunque conocedora de la situación de Carlos desde un principio, aceptó la relación cautiva de ese enamoramiento que se acentúa con la soledad de la madurez y la necesidad de ser deseada. Más de una vez ella confesó a su amante que se sentía “enganchada” a él, que había intentado acabar con aquella historia sin hechos, pero que no había podido. Carlos le hablaba de desniveles y que, a lo mejor, debían encontrarse en la misma situación de emparejamiento para que su relación continuase adelante.

 

- Pero es que yo si estoy –como eufemísticamente llamaba ella a acostarse- con alguien no puedo estar con otra persona. Por eso mientras esté contigo no me iré con nadie más.

 

Carlos un hombre escéptico construido en varias relaciones baldías, quería creer –y de hecho durante un tiempo así fue- en lo que Silvia una y otra vez le confesaba, sobre todo cuando en dos ocasiones en ese tiempo de unión ella había intentado dejarle sin éxito.

 

- Estoy muy enganchada a ti y tu te aprovechas de ello –decía ella en tímido reproche que siempre acaba entre los besos y las piernas de Carlos.

 

A principios de dos mil ocho Silvia, armándose de un valor que parecía no tener le dijo a Carlos que no la llamase más, que no le enviase ningún mensaje. Eso fue en un SMS, como siempre ella le decía las cosas que parecían importantes a Carlos. Esta vez él tuvo la sensación que aquella si era la buena, que ya no volverían a estar juntos. Su intuición venía avalada porque un mes atrás Silvia le había comentado que una buena amiga suya había roto con un novio –separado y con posibilidades de emparejarse de nuevo- con el que había porfiado durante algo más de un año. Por lo que Carlos pudo interpretar de las palabras de Silvia la ruptura se había producido por el agobio al que su amiga sometió al susodicho, ávida de emparejamiento duradero con él. Lo que también flotaba en el ambiente de la quiebra amorosa –no confesado aún por ninguna de las partes implicadas- era la incipiente amistad entre Silvia y el pretendiente de su amiga.

 

- Seguro que le gustas- le había asegurado Carlos conocedor del cuerpo, más que del alma, masculina.

 

- No en absoluto. No le gusto. Lo que ocurre es a mi puede contarme cosas que a mi amiga no se atreve a decírselas.

 

Carlos sabía que no era verdad que tarde o temprano el hombre, que no era bueno que estuviese solo, volvería a querer emparejarse con la hembra que tuviese más cerca. Por eso no hizo nada por volver a ver a Silvia en unos meses hasta que, tres meses después de aquél mensaje, le atacó la nostalgia de verla y le envió un mensaje. Fue un lunes y, como no podía ser de otra manera, quedaron para el martes. Ella vino espléndida como siempre y los reproches que Silvia tenía acabaron en la cama y con sus uñas hundiéndose en la espalda de Carlos. Así pasaron dos o tres martes más, semanas en las que él pudo saber cómo había avanzado la relación de Silvia con el ex-amante de su, ahora, ex-amiga. Por lo que explicaba las salidas de ambos eran continuas pero lo hacían “como amigos” ya que “él no se había insinuado en absoluto”.

 

- Nos lo pasamos muy bien los fines de semana, sonreía una Silvia que ya no estaba tan convencida de las verdaderas intenciones del antiguo amante de su amiga.

 

- Acabarás con él. Le gustas, reiteraba Carlos.

 

- No puedo mientras siga enganchada a ti, decía una cada vez menos convencida Silvia.

 

Ese martes en el que Silvia, después de dos semanas de ausencia, decía que no iba a ser buena compañía, Carlos adivinó iba a ser el último juntos por eso le contestó.

 

- Para mi tu siempre eres buena compañía

 

- De acuerdo pero solo a cenar porque tengo a mi hija en casa y no están muy bien las cosas con ella.

 

La respuesta de Silvia significaba que no irían a su casa. Quería decirle que esa noche no follarían. A él le pareció un pretexto pero aún así, quiso salir a cenar con ella.

 

- ¿Y qué tal las cosas con tu pretendiente?, preguntó Carlos a sabiendas que ese amigo ya era algo más y que a buen seguro tenía algo que ver con la sequía amatoria de aquél martes.

 

- Pues bien –contestó Silvia- el sábado salimos con una amiga mía y nos reímos mucho. La verdad es que nos lo pasamos muy bien.

 

- ¡Vaya! ¿Y ya se te ha declarado?

 

- La verdad es que el domingo me dijo que le gustaba, susurró Silvia sin mirar a la cara a Carlos.

 

- Bueno ¡por fin se ha destapado ¡ ¿Y tú qué le dijiste?

 

- ¿Yo? Nada. Mientras estoy con una persona no puedo estar con otra- Esa letanía, tan conocida por Carlos, le pareció falsa. Estaba convencido que Silvia a pesar de sus convicciones se había acostado con el ex-amante de su antigua amiga y, ahora que ya eran oficialmente amantes, lo único que pretendía viéndole, era acabar de la mejor manera posible con él sin decirle que ya no le necesitaba. Se lo iba a poner fácil porque a pesar de todo podía tener algún futuro –si es que existía- con su nuevo amor.

 

- ¿Has oído hablar del ‘eterno retorno’? –le dijo Carlos a Silvia en un momento de la cena. Ella puso cara extrañada como si no supiese a cuento de qué venía aquello- Hace ya algunos años –continúo explicándose Carlos- un filósofo alemán llamado Nietzsche enunció esa teoría en un libro llamado “Así habló Zaratustra” y que, en síntesis, viene a decir que las cosas, las personas y el Universo en si son finitas y viven, vivimos en el tiempo que es lo único que es infinito. Por eso, sostenía el alemán, las situaciones, las cosas y las personas tienden a repetirse. Lo que tu viviste antes, lo que has vivido conmigo, esos sentimientos se repetirán de nuevo y una vez más, acabarán.

 

Lo cierto es que Silvia no acabó de entender muy bien lo que le quería decir Carlos con aquello, de hecho su mente parecía ya no estar allí. Acabaron la cena y Carlos la acompañó a su casa después de que ella rechazase, con una excusa que en otro tiempo no hubiese planteado, la posibilidad de irse con el coche a cualquier descampado de la ciudad a retozar. Era casi la medianoche del martes y aquél había sido su último martes. Unos días más tarde Carlos recibió un mensaje de ella felicitándole por su cumpleaños. Era un mensaje obligado y él, a su vez, la felicitó por su nueva situación deseándole suerte. Silvia le contestó con un “Hasta siempre”. Carlos hizo lo mismo a sabiendas que aquél “hasta siempre” encerraba la realidad de un “hasta nunca”.

 

 

 

Trío por substitución

Trío por substitución

 

Una de las fantasías sexuales que más tenemos los hombres es la de hacer un trío. Un trío genuino, de los de verdad que es encamarse, empasillarse, enmesarse o lo que sea, un hombre con dos hembras. Más de uno –entre los que me cuento- ha planteado una y otra vez esa posibilidad a sus parejas de turno a sabiendas de que la respuesta siempre será la misma: “Si no puedes casi conmigo imagínate con dos” o, si no hay tanta confianza en la relación, te dicen: “Es que a mi las mujeres no me gustan” o, si acabas de empezar a encamarte con la susodicha te suelta sin rubor: “es que tú me dejas exhausta mi amor y no podría con nadie más”. Pues bien yo creo que eso no es verdad. Que esas féminas que declaran su heterosexualidad o su innecesareidad de retozar con una señora, hacen tríos si bien de una manera matizada a cómo lo piensa un hombre.

 

Veamos. Hay una situación que se repite muchísimo y es la siguiente. Chica se acuesta con chico porque, dice, existe una relación sentimental con él. Orgullosa de esa relación la chica presenta al chico a su círculo de amistades entre las que se cuentan, como no, otras féminas. Ocurre que el varón, que no es ciego, mira a las amigas de su amante no como tales, sino como objeto de conquista y se fija en una que es más vulnerable que las demás de la que se hace “amigo”. El joven haciendo gala de lo que es, varón, propone a su chica oficial un trío “con alguna de tus amigas, por ejemplo”. La respuesta es una de las tres que he ennumerado en el anterior párrafo que será la que corresponda en el momento en el que ande la relación. Con el tiempo sucede lo de siempre. El varón se cansa de la oficial y le da la carta de despido. Acto seguido empieza a porfiar con la amiga vulnerable a sus encantos pero, eso si, previa ruptura de la amistad entre las amigas. Finalmente, como no podía ser de otra manera, la vulnerable se acuesta con su “amigo” pasando, automáticamente, a obtener la categoría de “salecón” “novio” o similar ¿Y cómo se llama a qué un varón se encame con dos hembras del mismo círculo? Es, sin duda, un trío. Podría pensarse que no, que no lo es porque la coyunda se produce alternativamente y no de manera simultánea como mandan los cánones. Pero dejándonos de la monserga estipulada, un hombre que conoce las intimidades y probablemente orgasmos de dos señoras y viceversa es, un auténtico trío y la máxima concesión semántica que le voy a dar es llamarlo “trío por substitución”.

 

Particularmente no me gusta el trío por substitución. Soy un clásico y me gusta la simultaneidad. Además pienso que el trío alternativo causa innumerables perjuicios tanto a la señora “saliente” como a la “entrante”. Y por eso desde aquí quiero hacer un llamamiento a las señoras que se vean encuadradas en el primer párrafo de este escrito, para que cesen en su actitud de negarle a sus parejas la fornicación triangular con sus amigas ¿Os habéis imaginado por un momento –las salientes- el momento en que vuestro “ex” esté revolcándose con vuestra “ex” los comentarios que harán? ¿O que irremediablemente el “ex” comparará, además de cuerpos, gemidos y técnica? Y si alguna “entrante” puede estarse sonriendo al leer lo que he escrito, que no lo haga porque hay algo peor que le puede suceder con su amante pensad cómo os encontraríais si después de haberos entregado a la placentera actividad de ser atravesada por un recio varón, éste corte la relación y vuelva con su antigua amante, vuestra examiga. Eso sería frustrante. Un golpe del que no os recuperaríais en vuestra vida porque, sin duda y creo que muy acertadamente, pensaríais que algo falla en vuestro “arte de seducción”.

 

Así que hay que volver a lo clásico y no ser cicateras con vuestras parejas. Que os pide un trío, dadle un trío de los buenos, de los simultáneos. Con vuestra mejor amiga, con la más cachonda. Además de comparar que tod@s somos más o menos iguales en idénticas situaciones, la de risas que os vais a echar –vosotras- cuando os percatéis de que en esos momentos el único criticable porque “no llega” o porque “llega demasiado rápido”, es él.

Sueños baldíos

Sueños baldíos

Llegó un día en que no quiso levantarse de la cama. Ni abrir los ojos le apetecía. Por mucho que sus atribulados familiares y amigos le decían que se tenía que incorporar él permanecía impasible. Hasta le daban palmadas en la cara para espabilarle, pero él perseveraba incólume en el tálamo sin proferir una palabra de queja o dolor. Transitaron médicos, psicólogos, inclusive un cura y un chamán para ver si lograban insuflar algo de vida a aquél amasijo de carne en que se estaba convirtiendo. Ninguno de ellos consiguió despertarle. Así, sumido en un profundo letargo, pasaron semanas, meses, años sin que nadie encontrase una explicación, humana o divina, a aquél estado cercano a la muerte.

 

Un día abrió los ojos sin más y el revuelo que ello originó entre su esposa e hijos hizo que se congregaran a su alrededor un nutrido grupo a la espera de saber qué le había ocurrido. Movió los labios como si quisiese decir unas palabras, pero el estado de debilidad en que se encontraba no le permitía dar fuerza a su voz. De hecho ni alzarse del catre podía, por lo que tuvo que ser uno de sus hijos el que acercase su oído hasta sus labios para saber qué era lo que quería decir.

 

- He tenido un sueño, acertó a oír su primogénito.

 

Sin más, expiró. Alguien de los allí reunidos quiso ver en el rostro del finado una sonrisa de felicidad. Fue solo un instante.

Geometría

Geometría

Él le escribe a ella. Ella le escribe al Otro. Triángulo.

 

Él le sigue escribiendo a Ella. Ella le escribe al Otro y el Otro le escribe a Ella. Cuadrado.

 

Él insiste en escribirle a Ella. Ella le escribe al Otro. Él lee lo que Ella le ha escrito al Otro. El Otro le escribe a Ella. Pentágono.

 

Él, que no ceja en su empeño, le escribe a Ella. Ella, como no puede ser de otra manera, le escribe al Otro. Él, que lo sabe, lee lo que Ella le ha escrito al Otro. El Otro, que no conoce a Él, le escribe obviamente a Ella. Él lee lo que el Otro le ha escrito a Ella. Hexágono.

 

Él le escribe a Ella. Ella le contesta. Y se acabó. Las líneas rectas no son una figura geométrica.

Extraordinaria coincidencia

Extraordinaria coincidencia

No salgo de mi asombro. He encontrado un video en “youtube” –el que podéis visualizar más abajo- que hace referencia a un repetido evento de mi vida tal día como hoy. La coincidencia es asombrosa. Se podría decir sin temor a incurrir en exageración que la casualidad es algo paranormal, que escapa a la mente humana, está más allá de la racionalidad. Solo hay dos pequeños detalles que escapan a mi concurrencia. El primero es que yo nunca he sido presidente de los EE.UU. El segundo es que no me gustan las oxigenadas.

 

 

 

Motivos de ruptura

Motivos de ruptura

Después de cuatro años de relación él decidió dejarla.

¡Te odio! - le dijo ella.

No sabes lo que me alegra oirte decir eso - le replicó él .

¡ Eres un cínico ! - gritó alterada ella.

Es la verdad - explicó él en un tono que parecía franco - Por fin sientes algo sincero por mi.

 

(Continúa gracias a la aportación de gaia07...)

 

Tienes razón, cuando empezaste a asentir con la cabeza a cuanto te decía, dejé de decirte. Cuando empezaste a contestar con monosílabos a mis preguntas, dejé de preguntarte. Cuando la panadera, el carnicero, el barman, me empezaron a dar soluciones a mis problemas cotidianos, dejé que tu te convirtieras en una rutina, es verdad, dejé de ser sincera. Fue un error, si – dijo ella

Mala educación

Mala educación

 

Era una persona cortés pero no le gustaban las despedidas. Por esa razón nunca acudía a una estación, o a un aeropuerto, o a un portal, ni se eternizaba en adioses con nadie. La gente de su alrededor pensaba que era un maleducado. Era más sencillo creer eso que  lo que realmente se trataba en realidad. Una cuestión de gustos.

El largo y angosto camino

 

26 de mayo de 2008. Tres años y un mes que garabateo en “Entre Líneas”. Tres veces más del tiempo que le daba de vida a estas páginas aunque haya estado a punto de liquidarlas en tres ocasiones, coincidiendo con el cierre del mismo número de puertas. No obstante “Entre Líneas” ha sobrevivido contra mis propios pronósticos. Un mérito si tenemos en cuenta que su bautizo llevaba otro nombre. Si hubiese sido menos presumido sería “En tránsito hacia los cincuenta”. O “50 minutos” si hubiese sido más preciso. Pero me salió la vena, o eso me pareció, literaria-poética y me quedé con “Entre Líneas”. O EL se quedó conmigo que tanto da. Tanto da porque otros y otras que prometían mayor entusiasmo que el mío en este mundo de los “blogs”, desaparecieron o simplemente dejaron de escribir porque es una ley de la naturaleza que de todo se aburre uno, como alguien decía. Pensaba que podía con EL, pero ha podido conmigo y si no le pongo remedio a eso, desapareceré yo antes que EL.

 

 

Lo peor que le puede suceder a un hombre

Lo peor que le puede suceder a un hombre

Una de las escenas cinematográficas que más recuerdo es una de Burt Lancaster en “Novecento” , película que tuve la oportunidad de ver recién estrenada cuando era algo más joven que ahora (1976) y en España teníamos que emigrar a Francia para ver cine de denuncia política o de lenguaje sencillo que ofrecía el cine pornográfico. Pero en aquella época, recién muerto el general, estaba yo más concienciado por la causa revolucionaria entre otras cosas porque pensaba que a través de ella llegaría al pleno conocimiento de la otra, vamos, la de las artes sexuales. Así que un fin de semana de mayo me fui con una compañera funcionaria a un festival de cine que se organizaba en Céret . El programa no podía ser más alentador, las dos partes de “Novecento”, “Salon Kitty”, “La batalla de Chile” y, para rematar, la “camarada” de trabajo con la que pretendía iniciar mi particular sedición libidinosa. No fue así porque en las tres primeras horas de la obra de Bertolucci, Burt Lancaster escenificó aquello de lo que ya no me he podido desprender en la vida. En la cinta, Lancaster es el patrón de la hacienda Berlinghieri y abuelo de Robert de Niro, Alfredo. El “patrone”, se siente viejo y acabado porque le sucede “lo peor que le puede ocurrir a un hombre. Que no se le levante” constatándolo después de una masturbación sin éxito. Acto seguido se suicida ahorcándose que es una de las formas en las que, dice, podrá conseguir su última eyaculación.

 

 

Después de aquél suceso siempre he tenido curiosidad, aún no satisfecha todo hay que decirlo, por saber en qué momento de la vida llega “lo peor que le puede suceder a un hombre”. Pensaba y pienso ¿tendré deseo sexual a los cuarenta, a los cincuenta, a los sesenta, a los ochenta? ¿”Puentearé” a esas edades? Superadas algunas de esas etapas constato que si, que el deseo sigue existiendo, se corresponde físicamente y, he de decir, que con mayor intensidad aunque con frecuencia (algo) menor que a los veinte. Seguro que el secreto del éxito en la técnica del amor estriba en ejercitarse a menudo. Así que espero irme al otro barrio siendo un ingeniero consumado y consumista.

 

Y ya que estamos en un mes de revolución y la cosa económica va como no va, os dejo una canción muy antigua de José Larralde que me acompañó en mis años de lucha estudiantil...

 

Pequeño encadenado

Pequeño encadenado

 

Es sabido que la noche sigue al día,

que el día acaba con los sueños,

que los sueños concluyen en la realidad,

que la realidad sustituye a la ilusión,

que la ilusión suplanta a la soledad,

que la soledad existe porque hay compañía,

que la compañía alimenta la amistad,

que la amistad es necesidad,

que la necesidad nace del deseo

y el deseo limita con la pasión, antesala de lo que llamamos amor.

Es sabido todo eso pero nadie sabe en qué lugar empieza nada.

La herencia

La herencia

Pablo es agricultor y vive en el sur de México que es lo mismo que habitar en los umbrales de la pobreza. Es hijo de agricultores y su máxima aspiración es conseguir para sus cuatro hijos un pedazo de tierra que labrar. Eso o emigrar hacia otras tierras en busca de más fortuna. Para él es imposible abandonar el lugar donde está, se necesita dinero para desplazarse y apenas le llega para comprar el alimento diario de su familia. Un día uno de sus vecinos enfermó, vivía solo y no había nadie que se pudiese ocupar de él. Pablo que al volver del tajo pasaba delante de su casa, lo iba a visitar cinco minutos cada día con el propósito de darle lo único que podía, compañía. Hete aquí que el vecino supo que se aproximaba la parca –de hecho cualquier enfermedad más grave que una gripe era una condena a muerte en aquella zona- y quiso agradecer a Pablo su gesto. Así que le dio las llaves de un cobertizo lindante a su casa y le dijo que se quedase con lo que encontrase dentro.

 

Lo único que te pido” –le dijo- “es que abras el establo cuando ya esté muerto y enterrado”

 

Solo esperó dos días para morirse. Pablo se lo encontró en el camastro al volver del trabajo. Tenía el semblante sereno como si estuviese sumido en un profundo y reparador sueño. Casi se podría decir que la expresión era de felicidad. Como no había que realizar papeleos, ni había cementerio al que llevar al finado, Pablo lo enterró allí mismo. Tal como le había dicho su vecino abrió el portón de la cuadra encontrándose con algo que no esperaba. No era habitual ver en un lugar como aquellos un ford mustang y, por lo que brillaba la carrocería, en perfecto estado de conservación. Una vez superada la sorpresa Pablo comenzó a observar el vehículo. Era un modelo antiguo, de los años cincuenta. Su tapicería de cuero beige lucía inmaculada. Pablo no resistió la tentación de abrir el coche y sentarse en el lugar del conductor para asir el volante, imaginando que huía de aquella inhóspita tierra junto a su familia.

 

“¿Huir?” –pensó- “No hace falta huir, sino irse de este maldito lugar. Este coche nos transportará lejos de aquí”

 

Pablo no pudo arrancar el coche. No tenía ni una gota de gasolina y él no la podía comprar. El precio de un litro de combustible era lo que ganaba al día, justo lo que necesitaba para comprar alimentos para su familia.

 

“¡Ya está. Lo venderé! Y con lo que saque compraré una parcela de tierra que cultivaré para mi familia”

 

¿Vender? ¿A quién? En más de doscientos quilómetros a la redonda no había ser humano que no estuviese más allá de los límites de la supervivencia. Debería irse muy lejos si quería encontrar a alguien que le interesase una antigualla como aquella y, para irse lejos, necesitaba un dinero que no tenía para comprar el billete y poder desplazarse … y vuelta a empezar del círculo que no veía como podía romper. Tuvo que dejar el coche en el cobertizo maldiciendo su suerte, llevándose el firme propósito de ahorrar y poder comprar el carburante necesario para su vehículo. Eso requería hurtar comida a su familia. Y lo hizo sin decirles absolutamente nada, excusándose en que el patrón no le había pagado. Sucedió que el vecino americano necesitaba biocombustibles para nutrir a sus autos. Sucedió que del trigo que Pablo recogía se elaboraban los biocarburantes. Sucedió que como al patrono le pagaban muy bien las cosechas de trigo sus poderosos vecinos, dedicó esfuerzos a importarlos. Y se encareció el precio del trigo. Y la gente como Pablo, que se dedicaba a recoger trigo para alimentar coches y patronos, no pudo pagarlo. Y hubo hambre .

 

Del hambre se pasó a la enfermedad y de ahí, a la muerte. Como una maldición bíblica, Pablo vio como sus hijos morían uno a uno antes que el enfermase y languideciese en el camastro de su choza. Un vecino le visitaba todos los días al salir del trabajo. Eran solo cinco minutos pero a Pablo le fueron suficientes para pedirle a aquél buen hombre que, cuando le visitase la deseada muerte, le enterrase junto a unas llaves, inútiles llaves que solo servían para cerrar las puertas de la vida.

Sucedió en el siglo XXI

Sucedió en el siglo XXI

Se han casado hace dos meses después de una relación de casi cuatro años. Él tiene 35 años y ella recién ha cumplido los 33. No tienen hijos todavía, serían demasiados gastos y la posibilidad cierta que a ella no la contraten en ninguna empresa si conociesen que aún tiene que parir, pasar la lactancia, las enfermedades de los niños y los retrasos de la mujer que “los acompaña a la guardería”. No hubo suerte con las oposiciones que hizo para entrar en el cuerpo de gestión de la Administración, único lugar donde no importan esos problemas. Con el sueldo de él, están pagando un piso de sesenta metros cuadrados maridado de una hipoteca que le acompañará hasta la jubilación. Los ingresos apenas dan para los gastos de comida –y eso que más de un día van a comer a casa de los padres de él o ella- y alguna que otra salida al cine o a pasear. A ellos les hubiera gustado tener menos hipoteca –o no tenerla como cuando eran solteros- salir más a viajar, tener un todoterreno con “gepeese” y reproductor de “deuvedes” y no esa vieja reliquia que les acompañaba desde los tiempos que iban a los mítines de Felipe González. Porque él siempre ha sido del partido socialista obrero español y mamó izquierdas desde que nació, cuando su padre, en las temporadas que no estaba en la cárcel por su militancia activa en el sindicato, le explicaba la opresión en que estaban viviendo, sin libertad casi para pensar y, sobre todo, sin igualdad.

 

Por eso él era un firme creyente en esa igualdad y sobre todo en la igualdad entre hombres y mujeres. O eso pregonaba a quién le escuchaba en las conversaciones que, generalmente, sacaba a colación cuando en las noticias informaban de algún episodio de violencia doméstica. “Eso no sucedería si realmente se tratase por igual a mujeres y hombres”, solía sentenciar.

 

Les iría bien que ella ganase un sueldo para poder soñar en un futuro algo mejor. Por eso los conocí en febrero de dos mil ocho cuando realizaba una selección para un puesto de trabajo en mi empresa. En realidad la conocí a ella y a él por lo que me contó… Su nombre, o el que os diré, es el de María. El de su flamante marido, José. Me bastaron treinta minutos para darme cuenta que era una buena candidata. Se lo dije casi al final…

 

- La formación será en Barcelona –estábamos en un punto indeterminado del sur de España- y durará una semana más o menos… por supuesto que los gastos del viaje, estancia y demás corren a cargo de la empresa. Y bien ¿tienes alguna pregunta? ¿alguna duda?

 

- Si, tengo una –dijo después de que durante toda la entrevista hubiese asentido en señal de que todo estaba en orden y a su entera satisfacción.

 

- Tú dirás – hablé esbozando una sonrisa convencido que la pregunta que me haría era sobre alguno de los muchos beneficios sociales de la empresa que tanto me gustaba explicar al futuro aspirante

 

- ¿Es obligatorio hacer la formación en Barcelona? Es que, verás, soy recién casada y mi marido no sé si me va a dejar estar fuera de casa durante esa semana.

 

- Por supuesto – acerté a decir a pesar de la repentina rotura de esquemas que la pregunta me había provocado- Es muy importante la formación porque será una de las pocas oportunidades donde podrás conocer la empresa, a tus compañeros, ver nuestro funcionamiento, saber cuál es nuestra filosofía.

 

Mientras iba diciendo eso ya había tomado la decisión de no incorporarla a la empresa. No quería ser el motivo que desencadenase la ruptura del matrimonio. Que fuesen otros que lo provocasen. No se lo dije. Le comenté que me llamase al día siguiente para conocer el resultado de sus deliberaciones matrimoniales, convencido que diría que no. Me envió un mensaje al móvil diciendo que formarse en Barcelona durante una semana era algo para lo que no había obtenido el permiso de su marido. Mientras le escribía el “eseemeese” de cortesía pensaba en lo lejos que estábamos de solucionar la lacra de la violencia doméstica mientras hubiese un solo José que se creyese el propietario de María.

Si haces el amor, no hables

Si haces el amor, no hables

Después de hacer el amor es mejor no pronunciar palabra. Hay que dejar a la mente y al cuerpo que buceen en ese abandono en el que transitan cuando han acabado su particular y sencillo lenguaje del sexo. Cualquier intento de compensar con eruditas disquisiciones sobre los sentimientos la simpleza de un gemido, un jadeo, un “fóllame” o “síngame”, un “así, así, amor”, “ahora, ahora, me vengo” o “me corro” o un grito de “zorra”, “dámelo todo” o expresiones similares, daría al traste con la espontánea sinceridad del momento lleno de entrega y apasionada desvergüenza.

 

Así que, mis queridas señoras, si vuestra pareja, amantes, singantes o follantes se dan la vuelta en la cama y se ponen a dormir después de haber hecho el amor, follado o singado, no es un acto primario y falto de sensibilidad del macho que ha satisfecho sus necesidades con la hembra importándole poco las de ésta, no. Es un acto lleno de amor que busca no romper la magia introduciendo doctas observaciones sobre el porqué de su deseo por vosotras en particular y no por otra. Y es que no hay medias tintas tampoco en esto. O se siente o no se siente. Todo lo demás, paja.

 

(Mi agradecimiento a “L” porque ella me sirvió de ideóloga en el presente escrito)

En la tormenta

En la tormenta

 

Apareciste en plena tormenta, cuando las tinieblas engañaban al resplandor con falsas promesas de eternidad. Llegaste para convertir toda aquella ceremonia de guión conocido, en una ilusión sin final. Lo hiciste con esa brutal y traviesa ingenuidad que acaricia el alma, como el violinista hace con las cuerdas de su violín. Arriesgaste palabras para darle partitura a toda aquella orquesta de sentidos. Y conseguiste que, de nuevo, brotase la melodía de la vida.

 

 

 

Callo porque existo

Callo porque existo

Siempre he pensado que a algún lugar deben ir las palabras que llenan los silencios, esas palabras que mueren sin ser pronunciadas. Debe existir ese lugar porque los silencios suelen dejar huella, consecuencia inequívoca que merodean a su alrededor palabras sin sonido. Callamos para no ofender o para ofender. Callamos porque queremos o porque no queremos. Callamos por indiferencia o por ser diferentes. Callamos para olvidar o cuando recordamos. Callamos para curarnos o porque nos sabemos enfermos de muerte. Mis silencios son cada vez mas largos. Siento que me voy instalando en el conformismo, la cobardía, la pereza, el orgullo y el miedo, aunque me empeñe en parecer lo contrario. He decidido poner fin a esa situación... para que los silencios hablen.

 

 

Cerrando puertas

Cerrando puertas

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

 

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los por qués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

 

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

 

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.

 

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú. Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte mentalmente, envenenarte, y amargarte.

 

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

 

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

 

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

 

Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

 

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.

 

¡Esa es la vida!

Paulo Coelho